El Mundial nunca fue solo un partido. Durante más de un mes movilizó ilusiones, deseos y angustias, y este domingo alcanzará su punto de mayor intensidad emocional. De cara a la final, especialistas advierten que la intensidad emocional del partido puede evidenciar conflictos que venían desde antes. 

El Mundial como potenciador, no como causa 

En la clínica del Lic. Sergio Orlandi, psicólogo y miembro de la Comisión de Psicología Aplicada al Deporte del Colegio de Psicólogos, no hay un aumento constatado de consultas durante el período mundialista. Lo que sí ocurre es otra cosa, más sutil: "un acontecimiento social de enorme magnitud quizás puede llegar a ser un amplificador de conflictos que ya estaban presentes en la persona".

El Mundial altera horarios, rutinas y vínculos. Es allí donde suelen aparecer tensiones que ya existían, más que problemas generados por el resultado de un partido. 

Tampoco hay una única franja etaria que deba preocupar: cada generación lo atraviesa a su manera. Sin embargo, para los adolescentes, el Mundial suele ocupar un lugar central en la construcción de la identidad grupal, un fenómeno que las redes sociales estiran en el tiempo, porque "el partido continúa en memes, comentarios, transmisiones en vivo y discusiones permanentes".

Álvaro Norniella, psicólogo y funcionario en la Secretaría de Prevención y Asistencia de las Adicciones, coincide en que la adolescencia se vive con particular intensidad: una mayor inestabilidad emocional, capaz de pasar de la euforia a la tristeza casi de inmediato, con un correlato físico directo, porque la vivencia mental impacta en el cuerpo.

Apuestas: cuando la publicidad vende algo más que un producto 

Uno de los temas más preocupantes para los especialistas es el de las casas de apuestas, presentes de manera indirecta en la pantalla durante este Mundial. Orlandi explica que “la publicidad ya no vende únicamente productos; vende formas de experimentar la realidad”. El mensaje, sostiene, invita a convertirse en protagonista mediante mecanismos cuidadosamente diseñados: recompensas inmediatas, bonos de bienvenida, figuras conocidas y colores llamativos. Hay algo más silencioso todavía: la repetición constante normaliza. "Cuanto más vemos una conducta, más cotidiana y menos riesgosa parece", advierte, aunque aclara que exponerse a esos mensajes no condena a nadie a desarrollar una conducta problemática.

Norniella suma un matiz importante: no es lo mismo la persona que ya tiene un problema o una adicción al juego que la que recién se está iniciando o mostrando interés. En ambos casos, dice, hay que prestar atención a la predisposición individual y a la aparición de conductas compulsivas. 

La “amnesia” post-partido y el arte de estar presente 

¿Por qué cuesta tanto acordarse de los detalles de un partido decisivo? Orlandi lo explica desde la dimensión narrativa de la memoria: "el recuerdo termina de construirse después del partido, vemos los resúmenes o conversamos con otras personas". Por eso dos personas que vieron exactamente el mismo partido pueden recordar escenas completamente distintas: cada una organiza el acontecimiento según lo que tuvo mayor valor subjetivo para ella.

Norniella aporta una explicación complementaria desde el funcionamiento del cerebro: los momentos que no generaron una emoción desbordante suelen ser directamente descartados de la memoria en estos contextos. El cerebro, dice, “prioriza y retiene aquello que significó algo importante, y omite lo que no”

El silencio del después 

Durante un mes, el Mundial fue la única función en cartelera: todos los horarios, las charlas y hasta el humor colectivo giraron alrededor de esa pantalla. Con la final llega algo esperable: la sensación de vacío. Orlandi lo describe como un pequeño duelo, durante semanas la vida se organizó  alrededor del Mundial y “cuando ese organizador desaparece, muchas personas pueden sentir una especie de vacío". Algo que concentraba la carga afectiva deja de estar y pasa a ser un recuerdo. Pero aclara que eso, por sí solo, no es motivo de alarma: "no significa que exista un problema psicológico o emocional. Simplemente es un tiempo de acomodación", y lo esperable es que, con los días, cada uno vuelva de a poco a sus actividades habituales.

Norniella coincide en que, una vez terminada la final, conviene “volver a establecer la rutina, generar hábitos nuevos, distribuir la energía en diferentes actividades y reactivar otras pasiones” que quedaron en pausa durante el mes del torneo.

La consulta con un profesional resulta recomendable cuando ese malestar deja de ser pasajero y comienza a afectar otras áreas de la vida. En esos casos, el Mundial probablemente no fue la causa del sufrimiento, sino el escenario en el que quedaron expuestos conflictos que ya venían gestándose. 

Orlandi cierra con una idea que excede al fútbol: la consulta psicológica no debería pensarse como un último recurso para cuando "ya no se puede más", sino como "un espacio para preguntarse “quiénes somos y por qué nos relacionamos cómo nos relacionamos".